MI INICIACIÓN COMO
SACERDOTISA DE AVALON

(*) ENTRE EL MUNDO REAL Y EL REINO MÁGICO

"Me pregunté, mirando por vez primera a Avalon: "¿Es real?" y recordé lo que Viviane me
contestase: "Es más real que ningún otro sitio". Marión Zimmer Bradley, "Las Nieblas de Avalon".


Escribir esta nota fue todo un desafío. Como periodista no estoy acostumbrada a ser la protagonista
de la historia. Mucho menos a relatar una experiencia que contiene, en sí, una síntesis de toda mi
vida y que marca un acontecimiento tan importante como el haberme "parido" a mí misma. Porque
una iniciación no es nada más ni nada menos que eso: final y comienzo. Pero, ante todo, un renacer.





















Mi camino hacia la Diosa fue, y seguirá siendo, un laberinto colmado de coincidencias y experiencias a
las que me gusta llamar "mágicas". Resulta difícil saber cuál fue la primera. Tal vez lo hayan sido las
mujeres que comencé a pintar en pastel, mucho antes de tener conocimiento acerca de la Diosa y sus
símbolos, y con las cuales estoy componiendo ahora un Oráculo de mujeres arcanas y diosas que
encarnan arquetipos femeninos. O quizás cuando leí "Brida", de Paulo Coelho, y soñaba con tener una
ceremonia de iniciación como la de aquella joven irlandesa. O cuando leí "Las Nieblas de Avalon", de
Marion Zimmer Bradley, y tenía la impresión de haber estado alguna vez en ese lugar. O cuando me
encerré en mi casa, afligida por la depresión y la sensación de no estar viviendo del modo en que
quería y me refugié en el chat y en interminables horas de navegación en Internet, donde se me
apareció de un modo impensado la mítica Dama del Lago: como un juego. Yo jugaba a ser ella, cada
noche, en los canales donde la gente se encuentra para conversar a través de Internet. Mi nombre era
"Vivianne" y mi misión, ayudar a las personas que se sintieran solas o que buscaran un nuevo sentido
para sus vidas, necesidades que no me atrevía a reconocer como mías también. Muchas veces dejé
grabadas las conversaciones y, al releerlas, me sorprendí con mis propias palabras. Como si no salieran
de mi mente sino de un lugar mucho más profundo. El chat es también un lugar muy concurrido para
buscar pareja. Pero esa no era mi intención. Por lo tanto, cuando alguien me preguntaba "¿de dónde
sos?" yo respondía "de Avalon" y si querían saber a qué me dedicaba, decía "soy sacerdotisa". "¿Dónde
queda ese lugar?", insistían. "A mitad de camino entre el mundo real y el reino mágico", aseguraba.

Quienes ya me conocían se divertían mucho con este "juego". Yo, también.  Luego de un año de
repetir lo mismo encontré la página web de Glastonbury, el pueblo del sur de Inglaterra donde se cree
estuvo (o está) la mítica isla de Avalon. Allí conocí a Kathy Jones, organizadora de la Conferencia de
la Diosa, un evento al que asisten mujeres de todo el mundo. Entre las múltiples actividades que
despliega, quien es además co-fundadora de la Fundación Isla de Avalon, figuraban: escritora,
terapeuta y creadora del training "In the Heart of the Goddess" para iniciarse como... "¡Sacerdotisa de
Avalon!" Supe inmediatamente que esa propuesta era "para mí". Semejante manifestación de
"sincronicidad" no podía ser mera casualidad. Además, mi antiguo proyecto de vida parecía haberse
agotado y yo necesitaba imprimir un cambio total. De modo que decidí vender todo lo que tenía y
lanzarme a la aventura de buscarme a mí misma.  Peregrinando en busca del Grial.




















  Luego de participar de la última Conferencia de la Diosa del milenio en Glastonbury, en agosto de
1999, pasé tres meses viajando por algunas ciudades de Europa hasta que comenzara el curso. Buscaba
un lugar donde establecerme y pensé que el mejor sería España, por razones de idioma. El training, si
bien dura un año, consta solo de 9 círculos repartidos en 8 encuentros, coincidentes con las fechas
clave del calendario celta, de modo que podía viajar para participar de ellos desde donde estuviese.
Fue un verdadero peregrinaje que me llevó a Villena, el pueblo donde nacieron dos de mis abuelos y a
otros lugares como Granada, Sevilla, Madrid, Barcelona, Aranjuez, Montpellier y Arles en Francia y
algunas villas del sur de Alemania. Allí viví un sinnúmero de experiencias agradables, momentos
difíciles y recuerdos espontáneos de vidas anteriores. Finalmente, me di cuenta que mi destino no
podía ser otro que Glastonbury: el lugar donde me aguardaba un intenso trabajo interior. El valle de
Avalon tiene una calidad de energía muy similar a la de la zona del cerro Uritorco, en Córdoba.
Algunas personas que viven allí mencionan a la ciudad intraterrena de Erks como "la ciudad de la llama
azul" y también "la ciudad femenina", ya que según dicen su población está compuesta principalmente
por sacerdotisas. Curiosamente, las sacerdotisas de Avalon de la novela de Zimmer Bradley llevaban
túnicas de color azul…

En ambos lugares los sueños son más vividos y fáciles de recordar. También resulta mucho más sencillo
descifrar los mensajes ocultos en la Naturaleza, percibir presencias que vibran en una frecuencia muy
diferente a la nuestra, recordar vidas pasadas y encontrar respuestas que creíamos imposibles. Se
trata de zonas donde "el velo entre los mundos" es mucho más delgado y por ello son ideales para
iniciarnos en el aprendizaje de los misterios, siempre y cuando lo hagamos con buenas intenciones y
con un profundo respeto. Glastonbury es el escenario donde se desarrollan muchas de las historias y
leyendas relacionadas con la búsqueda del Grial. La Dama del Lago es su guardiana y quien forjó la
espada Excalibur para que el rey Arturo gobernara. Pero la cuestión artúrica es una visión cristianizada
de antiguos misterios y costumbres paganos que son incluso anteriores a la tradición celta. En aquel
entonces el poder del rey, representado en este caso por la espada mágica, procedía de la Diosa y le
era conferido por medio de una de sus sacerdotisas.

En muchas culturas, esto sucedía con la celebración del "hieros gammos", o "matrimonio sagrado".
Antes de ser la copa de la última cena, el Grial fue el caldero de Ceridwenn, la vieja sabia que rige
los ritos de transformación, muerte y renacimiento. Ella encarna el tercer aspecto de la diosa triple
que puede ser también doncella y madre nutriente, simbolizadas en las tres fases de la luna,
creciente, llena y menguante, que representan a su vez los ciclos femeninos. Otros sitios sagrados de
Inglaterra son Avebury y Stonehenge, donde aún permanecen antiguos círculos de piedra y templos
primitivos en honor a la diosa como la colina llamada Silbury Hill y la caverna West Kenneth Long
Barrow, que se cree fue una tumba en tiempos prehistóricos. Visitarlos fue una especie de "re-
conocerlos". Tal vez haya estado allí en anteriores encarnaciones o quizás su energía femenina estaba
tocando mi propia femineidad. Por ejemplo, en la cima de Silbury Hill, celebré un ritual con fuego
que me hizo sentir una chamana indígena americana. O cuando estuve en Kildare, Irlanda, donde
estuvo el templo de la diosa Brighid, descubrí sin ayuda de ningún guía que existía allí un pozo
consagrado a ella. Sin embargo, no pude entrar en la iglesia de Santa Brígida donde las monjas
católicas conservan la tradición de las 19 sacerdotisas que mantenían viva la llama de la diosa en el
altar. El templo estaba cerrado y no encontré un lugar donde alojarme hasta el domingo, en que
abrirían para la celebración de la misa.

Tuve que regresar a Dublín y de allí a Glastonbury, pasando por la antigua Isla de Mona, que fue
también un centro de sacerdotisas, destruido por los romanos en la época en que su imperio invadió a
la Gran Bretaña. El Cuerpo de la Diosa. La visita a estos lugares sagrados formaba parte de nuestras
tareas como aprendices. Fue caminando hacia Tor, la colina más representativa de la Isla de Avalon,
como pude sentir la presencia de la diosa y transformar lo que había sido una experiencia intelectual
en algo vivo. Aunque fui bautizada según los ritos católicos y educada en colegios religiosos, nunca
sentí que ese fuera mi auténtico credo. Me costaba aceptar la imagen de un dios celoso, vengativo y
castigador, más preocupado en vigilar la sexualidad de sus fieles que en asegurarles paz espiritual. De
modo que cuando comencé a estudiar periodismo me convertí en agnóstica. Pero mi alma necesitaba
mucho más que explicaciones científicas y mi artista interior precisaba alimentarse para poder crecer.

Cuando tomé contacto con las antiguas religiones femeninas, a través del estudio y la lectura, advertí
que desde el punto de vista psicológico podría ser muy buena para mí la idea de que dios fuera una
mujer que sentía del mismo modo que yo y que encarnara las formas más sublimes de la sensualidad,
el amor y la belleza. En medio de un paisaje de colinas verdes, pobladas de ardillas, conejos y cisnes
que nadan en arroyos cristalinos, respirando el aroma tibio de la hierba y disfrutando de las múltiples
flores silvestres con que se adorna la campiña inglesa en primavera o tocando la corteza de los robles
invadidos de muérdago hasta el corazón más duro puede sentir que forma parte de una creación
maravillosa, protegida por el abrazo amoroso de una madre que nos conoce desde siempre y que
jamás nos abandona. Es difícil no sentir a la Naturaleza como el cuerpo mismo de esa Diosa. El estar
en contacto con ella sumado a la celebración de rituales muy antiguos provocó en mí la sensación que
estaba re-uniendo antiguas piezas perdidas de mi personalidad. Comprobé que eran ciertos los
conceptos de Carl G. Jung cuando afirmaba que nuestra pérdida de fe en los dioses y su posterior
confinamiento hacia la sombra de nuestro inconsciente no hizo más que transformarlos en síntomas
que todos padecemos y que son la consecuencia de una vida cada vez más artificial y alejada de
nuestra verdadera esencia.

En un principio me costó "disfrazarme" para celebrar los rituales. Una de las cosas que siempre
admiraré en los europeos es la importancia nula que le dan al ridículo. Entre mis compañeras no había
ninguna que se privara de usar una guirnalda de flores en la cabeza o que perdiera horas frente al
espejo, preocupada en la combinación de los colores de la ropa ni en seguir los dictados de los
caprichosos "pseudo-dioses" de la moda. Y tienen razón. Nuestro cuerpo es perfecto porque ha sido
hecho a semejanza del cuerpo de la Diosa. Es bello en sí mismo y no puede mejorarse más. Y es casi
un sacrilegio ponerlo en peligro con dietas o cirugías. Se lo acepta y se lo ama tal como es. Darme
cuenta de esto fue algo nuevo y refrescante para mí. Aunque, por suerte, no tuve que concentrarme
mucho en buscar o decorar mis ropas de sacerdotisa, ya que ellas también aparecieron
"mágicamente". Durante mi primera visita a Stonehenge había tenido una visión. No tengo dudas de
que se trataba de una vida pasada. Yo estaba allí, en medio de los círculos de piedras, oficiando una
ceremonia. Mi rostro era diferente, mi piel muy blanca y el cabello muy negro. Lucía una corona de
plata con una medialuna sobre la frente y mis brazos apuntaban hacia el cielo, asomando desde una
túnica de lana rústica color marfil. Al día siguiente del viaje encontré la misma túnica en un pequeño
negocio de Glastonbury.

Tiempo después conseguí una coronita de plata muy parecida a la que llevaba puesta en mi visión. A
diferencia de mis compañeras elegí no llevar una máscara sino un velo de color púrpura igual al de una
mujer que se me había aparecido en un sueño. Ella estaba dentro de un marco como si fuera el
motivo de un cuadro, pero sus brazos salían de la pared y me llamaban ofreciéndome su abrazo. La
máscara representa nuestra auténtica personalidad interior. Pero los ojos quedan al descubierto. El
velo, en cambio, hace que percibamos la realidad de otra manera. Si hay poca luz, las figuras se
distorsionan y podemos ver mucho más de aquello que aparece ante nuestra mirada corriente y
cualquier experiencia se convierte en algo íntimo, interno. Comencé a experimentar usando el velo
en la Conferencia de la Diosa del año 2000, que tuvo lugar un mes antes de mi iniciación. Lo llevé
para participar de una poderosa invocación dirigida por Lady Olivia Durdin-Robertson,
archisacerdotisa de la Hermandad de Isis, que está representada en la Argentina por Ethel Morgan.
Pero me lo quité para participar de la Danza en Espiral en donde, guiadas por Starhawk, era
fundamental mirarnos a los ojos de cada una de las personas que tomamos parte en aquella comunión
maravillosa.

Fue entonces cuando tuve la certeza de que yo había creído en una Diosa desde el principio de los
tiempos y que le había servido en varias de mis encarnaciones y que, una vez, esa era mi misión.
Había encontrado la respuesta a la pregunta que nos había formulado Kathy y que fue la principal
prueba para saber si estábamos en condiciones de ser iniciadas: ¿Qué significa ser "Sacerdotisa de
Avalon"? El sentido puede no ser el mismo para cada persona, porque no todas las que se suman al
trabajo con la Diosa comparten las mismas creencias ni tienen que cumplir con regla alguna más que
respetar el principio "haz lo que quieras y no lastimes a nadie". Ni siquiera es necesario abandonar la
religión que profesen. Pero para mí esta iniciación significaba consagrar mi vida a la Diosa que vive
en mí y que servirla no se limitaba simplemente a celebrar un ritual o a contribuir a la sanación de
quienes lo necesiten sino a seguir la voz de mi propio corazón y de mis más queridos sueños. En tanto
todos y cada uno de nosotros comparte una porción de divinidad y participa del cuerpo de la Diosa,
no caben dudas de que todos nuestros sueños proceden de ella y que del mismo modo en que Ella los
genera nos ayuda para que podamos cumplirlos. Luego de tener esta certeza ya no puede haber lugar
en nuestra vida para la desvalorización o la falta de confianza en nuestros talentos creativos porque
proceden de Ella, son los dones que nos ha dado y que se alimentan de su misma existencia.

Entendí que Avalon es un lugar sagrado y que ese lugar es también la Diosa. Y como la Diosa vive
dentro de mí, Avalon está allí donde yo vaya. Una sacerdotisa debe poder descorrer el velo entre los
mundos en cualquier sitio donde se encuentre para traer desde el reino de la Diosa, el "reino mágico",
la sabiduría que necesitamos reinstaurar en nuestra vida cotidiana, el mundo al que llamamos "real". En
realidad, todas las personas tenemos en potencia la capacidad de hacerlo. Solo debemos estar
dispuestos a "recordar". La ceremonia. Nuestra iniciación se celebró durante el equinoccio de otoño,
en Chalice Well, el Pozo del Cáliz cuyas aguas rojas son la morada del Grial y fueron veneradas por los
antiguos como la sangre menstrual de la Diosa. Ya era noche oscura cuando recibí mi baño ritual y
caminé desnuda sobre la hierba de aquellos jardines. Hacía frío, pero el fuego del caldero me
abrigaba desde dentro. Detrás de mi velo púrpura, las sombras de mis compañeras rodeando el pozo
sagrado, ya enfundadas en sus ropas ceremoniales, se me aparecían como almas de antiguas
sacerdotisas que regresaban de un viaje de siglos.

Cuando fue mi turno de pronunciar los votos que yo misma redacté pedí a Kathy (a quien no reconocí
hasta el momento en que me ungió con la arcilla granate que arrastran las aguas de la vertiente) que
me permitiera hacerlo en mi idioma. Quise que fuera un momento íntimo, solo entre la Madre que
había recuperado y yo. Días más tarde, ante el mismo pozo, supe que la vida no me ofrecía ninguna
alternativa para que pudiera quedarme allí por más tiempo, tal como yo hubiese querido. Sentí una
profunda tristeza. Pero también la convicción de que esa etapa de mi vida llegaba al final y que había
llegado el momento de poner en práctica lo aprendido. De todos modos, Avalon se venía conmigo. Y
esta es una experiencia demasiado bella como para no compartirla con la gente de la tierra donde
nací. Al igual que la Dama del Lago, la Pachamama también vive en una isla, solo que en la cima de
una montaña donde las nieves son eternas. Desde allí nos llama para que recordemos que aún somos
sus hijas e hijos muy amados. Y para decirnos que no es tarde si nos decidimos a volver a ella y
preservar con amor cada ínfima partícula de su naturaleza.
    
¿QUIÉN ES LA "DIOSA"?

Las primeras mujeres y hombres que habitaron el planeta adoraban a una divinidad femenina. Ella era
la Madre Tierra, de la cual nacían y quien les proporcionaba alimento y abrigo y a la cual volvían
cuando, en su aspecto de "Madre Terrible", los llamaba a regresar a su vientre oscuro. Ella era también
el Sol, la Luna y las estrellas: Venus, Ishtar, Isis... La Diosa de los Mil nombres. La Madre de Todo lo
Viviente. Principio y fin y principio nuevamente. Las primeras diosas en la tierra fueron las hembras,
veneradas por su capacidad 'mágica'' de engendrar y de alimentar la vida que generaban. El cuerpo
femenino era sagrado, como era sagrada la Naturaleza y hasta el mas pequeño de los seres vivos o
inanimados. El culto a la Diosa fue tan poderoso que aún hoy pervive en los pueblos que celebran a la
Pachamama, en el Noroeste de nuestro país, Chile, Perú y Bolivia; en los seguidores de la
afrobrasileña lemanjá, diosa del mar y en los hindúes que respetan los designios de la temible Kali, la
ardiente Shakti y la generosa y bella Lakshmi, entre otras divinidades. La Gran Diosa Solar Amaterasu
es honrada como la Madre Divina del pueblo japonés; la Diosa de la Compasión, Kuan Yin, conserva
muchísimos devotos en China y los esquimales rinden honor a la Madre-Oceáno, Sedna. Su presencia
ha sobrevivido incluso en las tradiciones religiosas patriarcales reflejada en la Virgen María, Eva,
María Magdalena y en la irlandesa Santa Brígida (una adaptación cristiana de la pre-céltica diosa
Brighid). En la tradición judía moderna se sostiene la presencia de la Shekhinah, la novia de Dios.

Algo mágico está sucediendo en todo el mundo. Las mujeres están comenzando a recordar su origen y
su esencia, su misión como antiguas sacerdotisas de la Diosa: Desde la arqueóloga Marija Gimbutas -
quien reivindicó como objetos rituales a las figuras femeninas halladas en numerosas excavaciones-
pasando por la feminista Mónica Sjóó; las chamanas modernas Vicki Noble y Karen Vogel, Starhawk,
Zsuzsanna Budapest; las psicólogas Jean Shinoda Bolen y Clarissa Pínkola Estés; los esposos John y
Caitlín Matthews; Barbara Walker; la pionera argentina, Ethel Morgan y la novelista Marion Zimmer
Bradley entre otras miles de mujeres anónimas o famosas que se reúnen para volver a celebrar los
antiguos ritos en honor de la Gran Madre. Re-conectarnos con Ella implica reconocemos en una forma
diferente de ser mujer, más plena y completa. Con una mejor autoestima y una mayor certeza acerca
de quiénes somos y para qué estamos aquí. Porque todas las mujeres estamos hechas a imagen y
semejanza de una Diosa Creadora, llenas de Luz, Amor y Poder.  


(*) Nota aparecida en la revista UNOMISMO N° 216, 2000.   


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