Sandra Román y Lady Olivia Durdin-Robertson

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2005 Glastonbury Goddess Conference


ISIS EN AVALON
Por Sandra Román
(adaptado del libro LOS ROSTROS DE LA DIOSA)

En la 2000 Glastonbury Goddess Conference participé de un taller muy extraño, que ofreció Lady Olivia
Durdin-Robertson. La Archisacerdotisa fundadora de la Hermandad de Isis, con sede en Clonegal
Castle, Irlanda, es una joven que ha caminado 91 años de vida sobre el planeta. Sin embargo, no es eso
lo que dicen sus piernas, ya que puede vérsela muy activa, corriendo por las calles de Glastonbury y
saltando las faldas escalonadas de Tor. Sus ceremonias están llenas de magia y energía. Es una mujer de
poder y nadie como ella para lograr la presencia inmediata de las Diosas, al invocarlas en sus rituales.
En este taller, Olivia nos propuso dividirnos en 3 grupos: los dioses y diosas del Olimpo; l@s amantes del
sexo, el dinero y el poder y l@s ecologist@s. El resto de las personas, hizo un círculo a nuestro
alrededor y se dedicó a observar lo que los “actores” y “actrices” hacíamos. Yo había elegido estar en el
primer grupo. Nuestra consigna como dioses y diosas, era tratar de solucionar los graves problemas que
había sobre la Tierra. Para ello debíamos llegar a un acuerdo acerca de qué es lo que necesita la
humanidad en estos momentos, para luego descender y entregárselo. Realmente mis compañeras y
compañeros se parecían a los olímpicos. Todos gritaban y discutían y parecía imposible que alguna vez
pudieran llegar a coincidir en sus puntos de vista. Desesperada con mi paupérrimo manejo del inglés,
trataba de participar y yo también gritaba: “¡La humanidad necesita sabiduría y belleza!”, pero nadie
parecía escucharme. Cuando más me empeñaba en ser vista y escuchada, menos parecían advertir mi
presencia. Me sentía muy desolada hasta que me di cuenta que no era necesario nada de lo que intentaba
hacer. A fin de cuentas solo era “un juego” y no necesitaba competir, ni ganar, ni demostrarle nada a
nadie. De modo que di unos pasos hacia atrás para observar mejor lo que hacían mis compañer@s. De
repente mi mente se abrió: “Tengo una idea”, dije casi en un susurro. Sin embargo, todos me oyeron e
hicieron silencio: “Bajemos a la Tierra y, cuando nos encontremos con las personas, preguntémosles qué
necesitan y luego se lo damos”...

Olivia, muy complacida, me tomó de la mano y me llevó ante el segundo grupo y me dijo: “ahora, Diosa
preciosa, debes convencer a esta gente horrible que no destruya la tierra”.

Esa tarea sí que fue imposible… Estaban tod@s tan compenetrad@s en sus personajes que no había
ningún argumento que pudiera servir para hacerlos cambiar de idea. Decían que iban a hacer explotar no
sé cuántas bombas atómicas y que ellos entrarían en los refugios que habían construido. Les pregunté
para qué querían hacer eso y me respondieron que era para quedarse con todo el dinero y el poder.
“¿Para qué quieren dinero si no van a tener dónde gastarlo? – les pregunté-. ¿No se dan cuenta de que
están construyendo una tumba para enterrarse en vida?”

No sirvió de nada.

Por el contrario, querían convencerme a mí de que me uniera a ellos, prometiéndome fama, dinero y “mi
propia página web”! La más “mala” de tod@s resultó ser la cantante Julie Felix -quien participó hace
poco de la Conferencia de la Diosa en Argentina-. Claro que era una “mala” divertida, porque sus
ocurrencias nos hicieron morir de risa, caricaturizando a las personas que suelen recurrir a cualquier
clase de artilugio con tal de salirse con la suya. Es una mujer increíble y maravillosa.

Luego Olivia nos condujo a las dos ante l@s ecologistas para darles la triste noticia de que, en pocos
instantes más, el planeta sería destruido. Julie logró convencer a algun@s de que se unieran a los
“malos” y el resto se sumió en una tristeza profunda. Fue impresionante el modo en que bajó la energía.
Nuevamente renuncié a mi necesidad de competir y me hice a un costado.

Tod@s nos quedamos en silencio…

“Hemos perdido”, dijo una de las del grupo “verde”, llena de tristeza y resignación.

"¡No! –grité yo-. Los que perdieron son ellos. Pueden destruir la Tierra si quieren, pero nunca podrán
tener a nuestras almas. Es cierto que este mundo es muy bello, pero si debemos despedirnos de él, habrá
otros mundos que también son muy hermosos y nos estarán esperando. Nuestras almas son libres de
volar adonde quieran. En cambio ellos están destruyéndose a sí mismos”.

Una vez más, Olivia me tomó de la mano y esta vez me llevó hasta el centro del salón y comenzó a
bailar y a hacerme reverencias. Al poco rato, tod@s bailaban a mi alrededor y me saludaban como si
fuera la Diosa. Primero sentí una enorme vergüenza. Estaba muy incómoda y me costó disfrutar de mi
lugar y aceptar que merecía un reconocimiento por haber ayudado a tomar conciencia a las personas.
Por fortuna pude cambiar esta sensación y sentirme como una auténtica Diosa, fluyendo fresca y ligera
como el agua. Sentí que al aceptar el lugar en el centro de la Rueda, estaba aceptando la misión sagrada
que me encomendó la Diosa. Lo importante no era el reconocimiento que recibía para mí, sino el
reconocimiento del mensaje que la Diosa transmitió a través de mí, para que pudiera llegar al alma de la
gente.

Hice bien en disfrutarlo. Pronto la vida me tendría preparada nuevas sorpresas y mucho trabajo por
realizar. Este es un camino en el que recibes más críticas que elogios. Al ocupar un lugar de tamaña
exposición, eres blanco de envidias y de ataques porque mucha gente cree que eres la imagen viva del
“éxito fácil”, sin saber de todo el esfuerzo y de todo el trabajo que lleva ser una Sacerdotisa de la Diosa
en un mundo en el que nadie se siente importante y creen que para serlo necesitan competir, sabotear,
traicionar y “pisar cabezas”.

Todas las personas somos importantes. Todas las personas tenemos un mensaje importante para decir y
si nos dejamos de preocupar en querer ocupar el camino del otro o de querer vivir la vida de otra
persona, en lugar de la nuestra, alcanzamos el éxito, que no es más que el hecho de vivir una vida
verdadera y llena de sentido. Eso es en verdad lo único que importa y la razón por la cual hemos venido
a esta escuela de vida que es la Tierra.

Pero si el ritual de Lady Olivia me había llenado de maravilla y de sorpresa, yo no sabía que en realidad
la sorpresa más impactante me esperaba de regreso en la Argentina, y que aquí descubriría el significado
de aquel extraño taller que terminó convirtiéndose en una especie de Iniciación para mí. Durante muchos
años yo había tratado en vano de localizar a Ethel Morgan. Mis inicios en los caminos de la Diosa fueron
con el Tarot Madrepaz, que yo había estudiado con una alumna suya, Liliana Valsagna, con quien
participamos de la Conferencia en Glastonbury, en el año 1999. A través de ella, yo sentía que, de algún
modo, Ethel era mi maestra también.

Ella ya había decidido retirarse de la actividad y por más que insistía no podía conseguir que nadie me
facilitara su número de teléfono. Una de las primeras personas que contacté a mi regreso fue Analía
Bernardo, investigadora de la Diosa. Quedamos en encontrarnos en su casa y cuando llegué no podía
creer que Ethel estuviera allí, esperándome a mí!

Luego de este reencuentro (porque luego supimos que habíamos compartido otras vidas juntas,
honrando a nuestra Diosa) y de intercambiar impresiones y anécdotas, Ethel se puso de pie y me entregó
unas carpetas que había llevado consigo. "Ya no tengo ninguna duda -me dijo-. Vos eras la persona que
yo estaba esperando".

Luego me contó que dos años atrás (en 1998), le había escrito una carta a Lady Olivia, muy apenada,
porque había decidido retirarse y no podría seguir ocupándose del Iseo de Isis, en la Argentina, al cual
creó y administró durante muchos años. Nuestra querida Archisacerdotisa respondió a su carta diciendo:
"No te preocupes. Antes que termine el año 2000 conocerás a una persona que se encargará de hacerlo".
El día que recibí las carpetas del Iseo de Isis, de manos de Ethel Morgan, fue el Solsticio de Verano del
año 2000.

Para mí fue un gran honor haber recibido de sus manos esta tarea. Pero es, antes que nada, una gran
responsabilidad, porque hay que ser merecedor@s de nuestras misiones, cada uno de los días de
nuestras vidas.

Todas nuestras misiones son importantes para la Diosa.

No hay una misión más importante que otra.

Lo verdaderamente importante es decir que sí a nuestra misión, y esforzarnos por cumplir con ella con
honestidad, integridad y una entrega total de nuestra vida.

Cada iniciación es un “sí”.

Cada vez que decimos “sí”, estamos poniendo nuestras vidas en Sus poderosas manos.

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